Marruecos vuelve la espalda a la paz
17 de diciembre de 2005 | 290 lecturas


El jueves en Madrid, el Presidente de la República Saharaui, Mohamed Abdelaziz, consideró que Marruecos vuelve la espalda a la paz en lo que respecta a la solución del conflicto que lo opone al Frente Polisario, reiterando la voluntad del pueblo saharaui de continuar su lucha pacífica para recuperar sus legítimos derechos a la libertad y a la independencia.


En sus palabras al recibir el Premio Internacional de los Derechos Humanos, concedido este año al Frente POLISARIO por la Asociación no gubernamental Española Por los Derechos Humanos, APDHE, el jefe del Estado consideró que "Marruecos, en numerosas circunstancias ha vuelto la espalda a la paz, especialmente renegando de sus compromisos que sin embargo había firmado en 1990. Rechazó de manera irracional el Plan Baker, sigue reprimiendo con sangre las manifestaciones pacíficas y utiliza el asesinato para hacer callar toda oposición en el Sáhara Occidental.

Este es el texto completo de su intervención, en la que expuso detalladamente los últimos sucesos de los aspectos humanitarios y políticos del asunto saharaui, así como sobre la represión marroquí de la población saharaui en los territorios ocupados del Sáhara Occidental y al sur de Marruecos.

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ALOCUCIÓN DEL PRESIDENTE MOHAMED ABDELAZIZ

Ceremonia de Concesión del Premio de Derechos Humanos concedido por La Asociación Pro-Derechos Humamos de España Madrid, 15 de diciembre de 2005.

Estimado Presidente de la Asociación Pro-Derechos Humanos, Miembros de la Asociación, amigas y amigos,

Es para mí un honor recibir, en nombre del pueblo saharaui, este valioso Premio, concedido por la Asociación Pro-Derechos humanos de España al Frente Polisario. Lo recibo como reconocimiento y respaldo moral y político a la larga lucha del pueblo saharaui por la realización del más básico de los derechos humanos, cual es la libre determinación de los pueblos.

Este acto que nos reúne hoy coincide no sólo con el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, sino también con un momento histórico en el que el pueblo saharaui, particularmente en las zonas de su país ilegalmente ocupadas por Marruecos, paga día a día un alto precio por la afirmación pacifica de este derecho fundamental, sin cuyo respeto y vigencia la Humanidad volvería a la Edad de Piedra.

Somos una nación que, al igual que muchas otras en África, Asia y América Latina, fue obligada a recorrer el duro camino de una guerra nacional de independencia para lograr su libertad. Habíamos creído que el altísimo costo pagado antes que nosotros por esas naciones y pueblos, junto al gran avance en los campos económico y de las libertades en el mundo a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, constituirían una razón poderosa para evitarle al pueblo saharaui y a la región magrebí la tragedia de una guerra de conquista colonial, con su corolario de destrucción y muerte de personas inocentes

Lamentablemente nos habíamos equivocado como demuestra el hecho de que, a pesar de haber transcurrido treinta años, Marruecos, alentado todavía hoy, directa o indirectamente, por las mismas potencias que contribuyeron de manera decisiva al inicio del conflicto, sigue obstinado en no aceptar la realidad, que es la validez y vigencia de este derecho humano fundamental.

Más de 150.000 soldados marroquíes fueron enviados en 1975 para imponer un genocidio en el Sáhara Occidental. Este ejército de invasión, a pesar de sus medios, no pudo lograr el éxito de la aventura a la que fue empujado, al chocar con la determinación de un pueblo que decidió no arriar la bandera de su derecho a la libertad.

A pesar de ser la víctima y la parte más débil, hemos mantenido sin embargo nuestra fe en la legalidad internacional y en la vía pacífica para resolver el conflicto que nos opone a Marruecos.

esde esta convicción, hemos dado vida a las esperanzas todavía vigentes que impulsaron a la ONU a intentar esa solución pacífica, mediante la aplicación honesta y justa de ese derecho humano fundamental para dirimir todo conflicto de descolonización. Lo hemos hecho con concesiones y gestos tangibles, desde la aceptación, en 1991, de criterios de identificación de votantes diferentes a lo inicialmente acordado, pasando por la aceptación del Plan Baker hasta la liberación incondicional de todos los prisioneros de guerra marroquíes.

Marruecos dio, de manera reiterada, la espalda a la paz yendo contra su propio compromiso adquirido ante el Consejo de Seguridad de la ONU en 1990, pasando por el rechazo irracional al Pan Baker, hasta llegar hoy a la intensificación de una represión brutal y ciega, que incorpora el asesinato como medida regular contra la población saharaui en las ciudades ocupadas del Sáhara Occidental.

El asesinato reciente de los dos jóvenes saharauis, Lemabarki y Lejlifa Abba Chej, las sentencias dictadas hoy al final del juicio sumarísimo, verdadera venganza política, contra el grupo de defensores de derechos humanos saharauis, entre ellos la joven Aminetu Haidar, las imágenes del hacinamiento, típico de centros carcelarios medievales, de los presos saharauis en la llamada Cárcel Negra de El Aaiun, el descubrimiento por instancias oficiales marroquíes de varias decenas de cadáveres de ciudadanos y ciudadanas saharauis en diferentes cárceles secretas esparcidas por todo Marruecos, la falta de información sobre el paradero de mas de 500 civiles y de 151 combatientes saharauis, son elementos que conforman un cuadro de actuación de un Estado que constituye una afrenta a la conciencia universal.

Los medios de información vienen publicando en los últimos meses noticias sobre los sucesivos descubrimientos de fosas comunes donde yacen los restos de centenares de ciudadanos marroquíes. En la prensa de hoy aparecen datos precisos. Ninguna dictadura latinoamericana batió este récord del horror.

Este horror de dimensiones todavía desconocidas se extendió más allá de los pueblos marroquí y saharaui. Decenas de emigrantes africanos fueron transportados en camiones con las manos esposadas para abandonarlos a su suerte en el Sáhara Occidental, exponiéndolos así a morir de sed, de hambre o en campos minados. Hemos podido rescatar a varios grupos, algunos de los cuales están todavía bajo nuestro cuidado, con la esperanza de que su trágica situación pueda ser resuelta satisfactoriamente para ellos. Lo mismo había sucedido también con varios centenares de emigrantes asiáticos, de Pakistán, India y Bangladesh.

Tal vez para algunos resulte difícil creer o no quieren creer que esto pueda haber ocurrido, pero los hechos en sí mismos son la evidencia incuestionable. Lo que resulta mas difícil de creer es que este mismo Estado que actúa de esta manera brutalmente contraria a los más elementales derechos humanos, siga siendo al mismo tiempo uno de los principales receptores de los fondos de ayuda y de cooperación de la Unión Europea.

Con este proceder y la impunidad con que Marruecos ha paralizado la aplicación de las resoluciones de la ONU, las esperanzas originales que animaron a la comunidad internacional respecto a una solución rápida y definitiva del conflicto están hoy bastante menguadas. De ahí la importancia del papel que la sociedad civil y las ONG como vuestra Asociación, pueden desempeñar.

La tentación de mantener un alto el fuego como un fin en sí mismo, sin una perspectiva real de aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre el referéndum de autodeterminación, el continuo desafío de Marruecos a la voluntad de la comunidad internacional y la represión en las zonas ocupadas, son elementos que configuran un contexto que no puede conducir sino al fracaso de la ONU y de la vía pacifica.

A finales de abril del 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU abordará de nuevo la cuestión del Sáhara Occidental. Antes de esa fecha, el Consejo recibirá en enero un informe del nuevo Enviado Personal del Secretario General de la ONU. Son fechas importantes. Serán incluso el momento de la verdad para la credibilidad de las Naciones Unidas.

Marruecos intenta anticiparse a estas citas interponiendo nuevos obstáculos en el camino de una verdadera paz. Así, sus intenciones, ruidosamente proclamadas, de ofrecer pseudo-soluciones que parten de la condición de negar al pueblo saharaui el legítimo derecho de optar por la independencia, opción que fue sin embargo aceptada por Marruecos y figura en todas las resoluciones y planes de paz aprobados hasta ahora por las Naciones Unidas, no son de recibo. Son contrarias a la legalidad internacional y no tienen ni tendrán ninguna posibilidad de ser aceptadas por el pueblo saharaui como alternativa a su derecho de elegir libre y democráticamente su destino.

La Historia nos muestra que las fuerzas colonialistas se mueven en la dirección correcta si son empujadas por la presión de la comunidad internacional y de manera particular, de aquellos países que tienen una influencia directa en la elaboración de la decisión política de dichas fuerzas. Así ocurrió en Namibia, bajo ocupación ilegal de la antigua Sudáfrica del apartheid, o en Timor Oriental, para no ir más lejos.

En este contexto, Francia así como los Estados Unidos y España asumen una responsabilidad particular en hacer creíble su vinculación a la legalidad internacional, a la democracia y a los derechos humanos.

Creemos firmemente que en la paz todos podemos ganar, en primer lugar Marruecos. Esta paz ha de ser justa para ser duradera y la única base para medir su justeza es su apego o no a la legalidad internacional. El Sáhara Occidental, desde esa legalidad internacional incuestionable, es un país en proceso de descolonización que requiere darle a su pueblo la oportunidad de ejercer su derecho a la libre determinación y a elegir en las urnas, en un referéndum organizado y supervisado por la ONU, su futuro

Ir contra este principio no fortalecerá a Marruecos, ni hará creíbles sus intenciones de democratización, ni fortalecerá el prestigio de esas potencias ni traerá la paz tan deseada en esta región cercana y estratégica para la seguridad euro-mediterránea. Espero y deseo que España se mantenga lejos de alentar una perspectiva de esta índole.

Es con una paz basada en este derecho humano fundamental que el pueblo saharaui está comprometido. Una vez lograda, estamos dispuestos a compartir, para el bien de los pueblos de la región euro-mediterránea, todos los recursos de que podamos disponer.

La envergadura de las naciones no se mide por cuántos kilómetros cuadrados disponen, sino por el grado de desarrollo económico y democrático que puedan ofrecer a sus propios pueblos y al resto del mundo, particularmente en este mundo de nuestros días, amenazado por tantos peligros políticos y económicos.

Es con una paz que traiga consigo la reafirmación de la vigencia del derecho humano por antonomasia, el más fundamental con el que estamos y estaremos comprometidos hoy y mañana los saharauis. Otra pseudo-paz que niegue este derecho no nos compromete hoy ni mañana y será sólo un proyecto inútil que no hará sino perder energías, tiempo y empujaría el conflicto hacia nuevos e imprevisibles riesgos.

Invito pues al rey Mohamed VI a que retorne a la vía del Pan de Arreglo, a la vía alternativa ofrecida por el Plan Baker, a la vía, en suma, del referéndum de autodeterminación en cuanto que herencia positiva de su padre el rey Hassan II.

Ofrezcamos a las generaciones magrebíes de hoy y de mañana algo de lo que se puedan sentir orgullosas. Ofrezcamos al Magreb árabe una posibilidad sincera de escribir una nueva página que asegure la concordia, la confianza y el desarrollo económico, en libertad, en democracia.

Ofrezcamos al mundo una lección de madurez y a la Europa mediterránea, socio estratégico ineludible, una poderosa razón para creer en la viabilidad del partenariado que se viene ofreciendo sobre el papel.

El pueblo saharaui es una realidad nacional e internacional que nadie puede negar. El pueblo marroquí y sus legítimos sueños de un mañana mejor son una realidad que debe estar presente en nuestras mentes.

No nos podemos excluir el uno al otro en una región vasta y llena de recursos. Podemos vivir juntos en ella, hermanados entre sí y hermanados con los demás pueblos vecinos, en pie de igualdad, igualdad soberana, sin exclusiones.

Es con esta paz que debemos comprometernos. No digo que el camino hacia ella sea fácil, desprovisto de dificultades, sobre todo de orden psicológico, pero estoy firmemente convencido de que esa paz conlleva promesas de futuro formidables que pueden ayudarnos a superar con éxito esas dificultades.

Todos los pueblos de nuestra región y de África, que han reconocido ya a la RASD como factor de estabilidad y seguridad necesario para el equilibrio magrebí, están esperando sólo una decisión coherente, justa e histórica del liderazgo marroquí, para emprender juntos, con el incentivo de Europa y del resto del mundo, el camino de una auténtica paz, que reafirme el valioso contenido y significación del derecho a la libre determinación, primer derecho en la escala de los derechos humanos.

Gracias.

Información y texto facilitado por el Sahara Press Service.




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