Izquierda Unida - El Viso del Alcor
Acto y manifiesto por el Primero de Mayo
2 de mayo de 2017 | 220 lecturas


Aquí os dejamos las fotos del acto y el manifiesto del acto del Primero de Mayo, escrito por Anastasio Pineda. Un acto que cumple 17 años y que viene reconociendo la labor realizada por decenas de visueños y visueñas en pos de los derechos laborales y el trabajo por los demás.

Abrió el acto nuestra coordinadora local María Parreño, dando las gracias y la bienvenida a las personas asistentes. Anastasio Pineda fue el encargado de redactar y leer el manifiesto del Primero de Mayo y que puedes leer más abajo.

A continuación empezamos con los reconocimientos con la lectura de Pilar Praena del texto de presentación de María Ángeles García, trabajadora del servicio de ayuda a domicilio que ha demostrado una especial sensibilidad con el servicio hacia otras personas, acentuado con su labor altruista como voluntaria de la Cruz Roja.

Seguidamente María Parreño presentó a la siguiente persona reconocida, Paco Algaba, miembro de nuestra Asamblea y destacado sindicalista, representante de CC.OO. y siempre al servicio de cualquier persona que necesite ayuda laboral.

Fue nuestra Alcaldesa, Anabel Burgos, la encargada de reconocer a Marcelino Camacho, fundador y primer Secretario General de Comisiones Obreras. Una excelente persona y cuya paloma fue recogida por Ramón Moreno, que conoció, como muchos de nuestra asamblea, al propio Marcelino y dio pinceladas de como era y lo que representaba para el movimiento sindical y de izquierdas.

Manifiesto

Mi padre decía que lo primero que hay que hacer es dar las gracias, así que…
… agradezco a María Parreño el haberme dado la oportunidad de compartir mis reflexiones con las personas que estáis aquí. Y a todas, el permitirme hacerlo.
…Además, doy las gracias a Julio Sánchez por el trabajo y la generosidad de, ya que se me había hecho el encargo con los plazos un poco ajustados, regalarme un texto por si lo quería usar. Tengo una característica como persona (habrá quien diga que es un defecto -o pecado- de soberbia) y es que cuando recito o expongo me gusta ser creíble (y para eso, primero me lo tengo que creer yo); el texto de Julio tiene el nivelazo político y humano de quien lleva toda una vida luchando por los derechos de las personas, pero a mí me viene grande como la ropa de Cardenal al Monaguillo. Muchas gracias de todas formas, Julio.

A mí, aunque esto que voy a hacer me parezca un ejercicio de osadía enorme por mi parte, me era imposible por muchas cuestiones decir que no. La primera es porque a esta organización y a este acto en el que nos encontramos ahora les estaré siempre agradecido por haber sido los únicos que le han dado a mi madre un premio en su vida: Éste de hoy, el Premio al Trabajo.

Bueno, vamos al grano:

Dado que el objetivo es ser creíble, voy a hacer lo que más me gusta: contar mi historia. Pero como estoy donde estoy y para lo que estoy, me voy a documentar, un poco.

Resulta que en 1886 unos trabajadores… bla, bla, bla… ya conocéis la historia, ¿verdad? Pues luchaban por la jornada de 8 horas. Menos mal que eso ya no tiene sentido.

Voy a pensar cómo he llegado aquí: A mediados de los años 60 del siglo pasado, el hijo de un funcionario municipal de los que tenía trabajo en el Ayuntamiento porque les había tocado hacer la guerra en el bando vencedor, decidió que ya estaba bien, ya estaba bien de no tener un trabajo digno, o que ya estaba bien de trabajar como una mula y no tener ni para tabaco, o que ya estaba bien de no poder decir que aquello no estaba bien. Así que pagó a un funcionario corrupto la mitad de lo que le exigió para que sus papeles llegaran a buen puerto, escamoteándole la otra mitad (quien roba a un ladrón…). Menos mal que eso ya no tiene sentido: Ya a los que les pagamos porque gestionen nuestros intereses son todas personas intachables. Nuestro hombre dejó atrás a una mujer embarazada, con un hijo recién nacido, y cogió una maleta de cartón, se subió a un tren con bancos de madera y se fue a vivir a otro país; bueno, se fue a que le explotaran como a un esclavo, en dos trabajos, a veces en tres, con menos derechos que los locales, pero respiraba libertad. Y agrupó a su familia, y juntó para comprarse una casa.

¿Y por la otra parte? Sí, ella, la que dejaron sola con un crío de meses y embarazada de otra, la que había conocido al hombre de su vida mientras ella vivía en la choza que había podido construir mi otro abuelo en mitad del campo, cuando se arruinó, para dar cobijo a su mujer y a sus entonces siete hijos. Claro que en aquella época fallaban las medidas de protección social, y no como ahora, que es impensable que una familia no tenga un techo donde cobijarse. Menos mal que eso ya no tiene sentido.
Mi abuelo tuvo menos suerte, y eso que también le tocó hacer la guerra en el bando vencedor. Cuando se arruinó, después de lo de la choza, se llevó a toda la familia a trabajar a la Isla del Arroz (mujeres, hombres, jóvenes, niños y niñas: todo el mundo a trabajar en condiciones infrahumanas). Menos mal que ahora ya no tiene sentido pensar que niños y niñas tengan que trabajar para sostener a su familia.

Por seguir hablando de mí, tengo que decir que pude estudiar, principalmente, porque trabajaba junto a mi familia en el bar familiar. Sí, mi padre, por circunstancias, empezó a compartir el trabajo de asalariado con el de autónomo de pequeña empresa familiar. Vamos, por circunstancias, sobre todo porque entonces tenía 5 hijos y tres trabajos distintos, y probó a ver si se podía quedar con un solo trabajo y el bar. A todos nos insistía hasta la saciedad en que estudiásemos. “La herencia del pobre”, le llamaba, “yo cortijos no os puedo dejar, pero me mataré con tal de que podáis estudiar”, y así lo hizo.
Literalmente se mató a trabajar. Como una auténtica bestia trabajó toda su vida. Menos mal que ahora ya eso no tiene sentido; ahora las políticas educativas y de protección social permiten sin problemas que cualquier chico o chica pueda llegar hasta donde quiera o sea capaz, sin diferencias según el estrato socioeconómico del que proceda.

Pero todo esto no dejan de ser batallitas personales, de esas que producen la añoranza y las canas. Voy a pensar en mis amigos:

Carlos, universitario, 47 años, hijo de unos panaderos, además de panadero fue muchas cosas y el primer empleo que encontró, con unas condiciones medio dignas, donde podía aplicar aquello para lo que se había preparado, fue a los 31 años en la Universidad de Michigan. Después de trabajar 16 años como profesor universitario, ahora Trump y su corazoncito quieren que regrese. Pero ni él ni Esther (también sevillana) se pueden volver a una tierra que no les da una mínima esperanza de poder vivir en condiciones.

Javier, ingeniero, 47 años, hijo de un técnico de mantenimiento, trabajó de muchas cosas, sufrió un ERE brutal en el sector de las telecomunicaciones, salió a flote, se hizo autoempleado, se asoció a un compañero, contrataron a otro, después a otro… así hasta 14 0 15… Después todo empezó a ir peor… el pez grande no permite que otro pececillo intente ni siquiera respirar a su lado. Se tuvo que marchar a Méjico, buscarse la vida, y llevarse allí a su compañera y a sus dos hijos.

Rogelio, comercial, 49 años, empleado de tiendas de animales; los empleados se quedaron con el negocio cuando éste se fue al traste, más tarde se lo quedaron sólo 3, después él nada más. Finalmente, el cierre total.

Andrés, ingeniero, 47 años, hijo de un albañil, lleva como ingeniero en una productora industrial de panadería más de dos décadas. Ha sufrido varios ERE’s, trabaja más que antes, le han deslocalizado obligándole a residir en otra provincia y su sueldo ha disminuido un 25%.

Podría seguir: Y hablarles de Roberto, de Manolo, de José Ramón (o joseramones, que tengo dos casos), de todos los trabajadores de Metrolico, de Francisco y Roca, de Beatriz, de Granada, de Chari, de Mariola…

En fin, “qué mala suerte” han tenido todos, ¿no?

Bueno, todos no. Yo, por ejemplo, después de sufrir la crisis del 93 y hacer casi de todo con mi título de ingeniero, pues me dediqué al sector público. Soy profe, y ahí no, ahí afortunadamente no hemos tenido problemas… Bueno, salvo que nos bajaron el sueldo, pero decían que es que hacía falta, y lo aceptamos, y empezamos a cobrar como 10 años antes. Y nos quitaron una paga extra, pero decían que es que hacía falta, y lo aceptamos, y ese año los Reyes estuvieron un poco más tristes. Y como los maestros no trabajamos, pues decidieron que trabajásemos más, por lo mismo (¡bueno, no, que ya nos habían bajado el sueldo!) ¡Que trabajásemos más por menos! Y lo aceptamos. Y decidieron que, como nos escaqueábamos, pues que si nos dábamos de baja por enfermedad nos quitaban el 50 % del sueldo… y lo aceptamos.

Y, además de aceptarlo, nos sentíamos muy tristes, porque veíamos que habían ganado, porque el resto de la sociedad, los buenos, (no los chorizos de los que salían día tras día noticia tras noticia sobre cómo y cuánto estaban robando) pues eso… que los buenos se alegraban de que a otros trabajadores les mermaran derechos… y ese es el juego. Ese es el juego que siempre ha funcionado: divide y vencerás. Somos más, pero no estamos unidos.

Yo no sé nada de política; mejor dicho, yo no sé nada de partidos políticos (que nunca he pertenecido a ninguno) pero de POLÍTICA sí que sé. Sé lo qué quiero:

Quiero que todo el mundo tenga un trabajo digno, y que le paguen por él.
Quiero que las personas se sientan protegidas, cuando lo necesiten, por la solidaridad de todos, por eso que se llama Estado.
Quiero que cuando la gente enferme, se le pueda atender con la máxima eficacia sin escatimar recursos en ello.
Quiero que todas las personas tengan las máximas posibilidades en su formación independientemente del estrato social del que procedan.
Quiero que haya equidad, que todo el mundo (atendiendo a su diversidad) pueda tener las mismas oportunidades: laborales, formativas, de ocio...
Quiero que el que no sea honrado no gestione mis recursos, me devuelva lo robado y pague por ello.
Quiero dejar en herencia a las generaciones futuras el mundo en mejores condiciones medioambientales de las que me lo encontré.
Quiero que las mujeres tengan el sitio en la sociedad que se merecen, con las mismas oportunidades que los hombres.
Quiero que Andalucía sea la tierra de oportunidades y acogida que históricamente ha sido.

Y podría seguir, pero creo que me voy a quedar con esto. Los objetivos tienen que ser ambiciosos pero factibles.

Voy a ir cerrando ya. Después de reflexionar, creo que sí que tiene sentido que sigamos celebrando y reivindicando la existencia de un día dedicado a las trabajadoras (sean estas personas hombres o mujeres).

No sé muy bien si esto es un MANIFIESTO, sí estoy seguro de que es verdad, es mi verdad y por eso cuando lo cuento sé que soy creíble.
No debo dejar pasar la oportunidad de recordar a Rosa, por ser la última trágica representante de la lista de mujeres asesinadas por violencia machista en lo que llevamos de año.

Para cerrar, felicito a los homenajeados, y me cito a mí mismo en lo que expresé cuando le tocó a mi madre: Sé que en El Viso, afortunadamente, hay muchas personas que merecen el premio al trabajo, pero estoy seguro de que los homenajeados en esta ocasión tienen méritos de sobra para serlo.
Os doy de nuevo las gracias por la oportunidad.

¡Viva el primero de Mayo!



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